El Sibarita
 
ELISEO CABALLERO CASTILLA
LA VIDA ES SUEÑO
 
 
VIAJE AL PARAISO
 
“Caminante, son tus huellas el camino y nada más;
Caminante, no hay camino, se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar
Caminante no hay camino sino estelas en la mar”.


De vuelta ya a la rutina de la vida cotidiana me vienen a la memoria los días de descanso que he pasado este verano que agoniza en distintos lugares de la península.
He pasado por muchos puntos y todos ellos muy distantes y muy distintos entre sí, desde las playas vírgenes del Cabo de Gata en Almería a las playas eternas de mi querida Huelva, desde el arte del Albaycin en Granada hasta las lejanas tierras Asturianas donde se inició la reconquista. Todo ello pasando por muchos puntos intermedios donde la riqueza cultural y gastronómica se hace patente y consigue dar a cada uno de ellos un empaque y una singularidad sin igual.
Me gustaría contaros mi experiencia en Asturias y Cantabria, las cuales no tenia el privilegio de conocer y de las que me he enamorado eternamente, no hace falta lanzar una moneda como en la Fontana di Trevi en Roma y desear volver, porque cuando estas allí inmediatamente sabes que volverás, no sabes cuando y en que circunstancias… pero volverás.
Un siete de agosto, puede mi navegador con destino al Parador de Cangas de Onis (mi posada durante tres noches) y caprichoso el destino, el navegador que casi llegando a la salida de Cangas vía autopista me indicó una salida distinta y como alumno aplicado cuando el profesor le indica como resolver un problema, seguí sus indicaciones. Desde el primer momento nos indicó una carretera comarcal muy revirada y con abundante maleza a su alrededor, sin saberlo aún, el navegador nos estaba llevando por “el mirador del Fito” y aunque parezca de cuento, mi primera impresión de Asturias fue este mirador, ¡qué mejor manera de comenzar una visita! Grandes vistas de las montañas y de la mar de Asturiana. Se me había olvidado, en la carretera de subida y en el mismo mirador encontré a unos “asturianos” un poco especiales y los cuales te acompañan por todas partes “las vacas”, siempre están ahí, comiendo sus verdes pastos, en medio de caminos y carreteras, viendo la vida pasar como si el avance de la civilización humana no fuera con ellas. En el mismo mirador, en un pequeño quiosco de madera puede degustar una botellita de sidra mientras divisaba esos paisajes idílicos. Media hora después me dispuse a retomar mi destino final y puse mi navegador otra vez en marcha. El mismo ,me reservó “otra sorpresa” y es que una vez bajado el mirador eso sí, un poco mas rápido de lo normal debido a los efectos de la sidra por la misma carretera comarcal y a menos de diez kilómetros de mi destino final, me guió por Arriondas, un pequeño pueblo asturiano que no pasaría de ser una bonita villa durante 364 días al año pero que ese día en concreto, justo el día que pasaba yo por allí, estaba a rebosar de gentes venidas de todo Asturias celebrando “el descenso de Sella” y es que es desde este pueblo donde parte el famoso descenso que les llevará a Ribadella. Cruzar el pueblo fue dantesco a la vez que muy alegre, ya que miles de personas bailaban, bebían, cantaban y compartían con los conductores su alegría haciéndonos la espera en nuestros vehículos mas llevadera.
Por fin, media hora de espera entre vítores y canciones y llegué a mi destino, kilómetro y medio antes de Cangas de Onís, se encuentra el Parador de Cangas…
El Parador de Cangas, situado a los pies del Sella y cuatro pasos de Cangas de Onís, mezcla varios aspectos muy destacados, la tranquilidad de un antiguo Convento románico del siglo XIII se une a la modernidad y al buen gusto, no se deja ningún detalle a la improvisación y la comodidad y serenidad campan a sus anchas. Cafetería coqueta donde puedes tomar un aperitivo en el claustro y Restaurante de primer nivel gastronómico donde degustar platos tradicionales asturianos con una pizca de modernidad y buen gusto,¡ encontré lo que buscaba ¡.
El parador fue mi muelle donde atracar los cuatro días de estancia en Asturias. La primera tarde me armé de valor después de tantos kilómetros y una vez almorzado y descansado en mi habitación, cogí mi coche y puse el navegador rumbo a Oviedo, la capital de esta bella región y en 45 minutos llegué al centro. Ciudad pequeña y con un caso histórico de muy buen ver y muy cuidado y limpio, pasear por sus callejuelas que amurallan la catedral, ver a “la regenta”, visitar el teatro Clara Campoamor y por supuesto ver la zona comercial donde encontré una de esas pequeñas cosas como diría el gran Serrat, una bombonería donde compré una caja de Pralinés que me acompañaría todo el viaje. Para finalizar la tarde no podía marcharme de esta bonita ciudad sin visitar las joyas del románico que poseen: Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, iglesias prerrománicas en un no menos singular enclave, en la ladera de una montaña que vigila Oviedo y desde donde se divisa toda la ciudad. Pude ver como se ponía el sol y Oviedo pasaba de la luz del sol a las luces que aparecen cuando la oscuridad cae.
Terminé en día volviendo a mi muelle y cenando un Pepito de ternera a la parilla en el claustro del parador…

http://www.paradores.es/es/tratarFichaParadorCabecera.do;jsessionid=B47141CC6CCA82661102182306ABE466?parador=106


Continuará…
 
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